Otra visión del mundo

Varios jornaleros mexicanos y guatemaltecos buscan salir de la granja Les Entreprises Pitre debido a las malas condiciones en las que trabajan. Denuncian exceso de trabajo, hacinamiento y falta de enceres como refrigeradores y estufas. El empleador afirma que hace todo lo posible por ellos. Sin grandes resultados, visita de representantes de consulados de México y Guatemala.


Karla Meza
Especial para Crónica Norte

MONTREAL, 3 octubre 2021.— Cuatro trabajadores agrícolas mexicanos y guatemaltecos de la granja Les Entreprises Pitre Inc. volaron a su país el pasado 25 de septiembre, afirmando estar agotados por las condiciones de vida y de trabajo en la granja hortícola situada en les Hautes-Laurentides.

Antes que ellos, otros trabajadores hicieron maletas en las últimas semanas y varios decidieron huir, según información recibida por Karla Meza quien realizó una investigación para tomar el pulso de la situación.

La noche del 25 de septiembre, cinco trabajadores de la granja Pitre fueron conducidos al aeropuerto de Montreal. Cuatro de ellos regresaron a sus hogares, y el quinto optó por quedarse en Quebec, para solicitar un permiso de trabajo abierto en el marco del programa para trabajadores vulnerables del Ministerio de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía de Canadá (IRCC).

“Tratamos de convencer a los demás trabajadores para que no volaran, pero era demasiado tarde. En general, los trabajadores deciden irse de las granjas o huir porque ya no soportan la violación de sus derechos.  Hasta ahora, once trabajadores de la empresa han solicitado partir y siete han huido”, dijo Michel Pilon, director general de la Red de Ayuda a las Trabajadoras y los Trabajadores Migrantes Agrícolas de Quebec (RATTMAQ).

Los trabajadores se expresan

Más allá del testimonio de los trabajadores recogidos en el aeropuerto de Montreal, esta periodista recibió 23 testimonios de trabajadores de la granja Pitre entre el 25 y el 30 de septiembre. También recibió una treintena de imágenes y videos, así como copias de los talones de pago de varios trabajadores.

Los trabajadores que denuncian sus condiciones de trabajo piden que no se publiquen sus nombres por temor a represalias.

“Estoy agotado, hemos tenido que trabajar hasta 18 horas al día durante varias semanas”, expresó uno de los trabajadores, quien se encuentra en la granja desde la primavera pasada. “A menudo estamos amontonados en la cocina, hay un refrigerador para seis o más personas y en las habitaciones no tenemos espacio para cuatro personas con nuestras maletas, no tenemos privacidad”.



Otro trabajador dijo que tuvo que caminar casi una hora con sus colegas en algunas ocasiones para regresar a sus residencias después de su turno de noche. “Varias veces esperamos afuera el transporte de la empresa, más de 45 minutos, y nunca llegó. Regresábamos a pie para ir a dormir”.

“He soportado varios años condiciones de trabajo precarias en otra granja, y tan pronto como llegué a Pitre, me encontré en la misma situación”, señaló otro trabajador, visiblemente afectado. “Trabajaba más de 12 horas, de la noche a la mañana, varios días seguidos. No estoy bien, siempre estoy ansioso y siempre tengo ganas de llorar”.

Otro trabajador que también llegó en primavera dijo que el empleador no proporciona el equipo de trabajo ni los utensilios que los trabajadores necesitan para cocinar. “Gasté unos cientos de dólares antes de que me pagaran para comprar botas, impermeables, guantes, tijeras y suministros de cocina”.

“Me enteré a mi llegada de que esta granja los compañeros la llaman ‘el calabozo’, pero no entendía por qué”, dijo un trabajador que arribó en junio. “Hay demasiados trabajadores en la casa, a menudo tenemos que esperar mucho tiempo para poder cocinar, porque no hay suficientes estufas funcionales para todos. Tenemos que comer nuestra comida fría, sentados en el suelo o sobre paletas de madera, por falta de espacio”.

“La presión es demasiado grande para trabajar muchas horas. ¡Quieren que trabajemos en muy malas condiciones, no somos máquinas!”, expresó otro trabajador contratado para una segunda temporada. “Tenemos que hacer nuestras necesidades en el campo porque los baños están muy alejados y no tenemos tiempo para ir todos durante nuestros descansos. Se intenta comer poco para evitar la necesidad de ir”.

“El empleador nos dijo a principios de septiembre que podíamos volver a casa si no estábamos contentos aquí”, dijo un trabajador que llegó a la empresa la primavera pasada. “Muchos de nosotros queremos volver a casa o cambiar de granja, pero no nos atrevemos a hablar porque tememos que nos pongan en la lista de los que no van a regresar. La mayoría de los guatemaltecos son indígenas y no hablan suficientemente español, mucho menos francés. No tienen el valor de reivindicar sus derechos”.

Mandatos de representación

La RATTMAQ indicó que hasta la fecha había obtenido 12 mandatos de trabajadores de la empresa para presentar denuncias ante la oficina de Empleo y Desarrollo Social del Canadá y la Comisión de Normas, Equidad, Salud y Seguridad en el Trabajo.

“Sabemos lo que está sucediendo en esta granja desde hace varios meses, ya hemos presentado dos quejas sobre este empleador a la oficina de Empleo y Desarrollo Social Canadá la primavera pasada”, dijo el señor Pilon en una entrevista telefónica. “El problema es que no tenemos derecho a recibir información tras la presentación de las denuncias, aunque las hayamos presentado nosotros. Es un problema grave, porque nos impide dar seguimiento a los trabajadores”, subrayó.

Debido a la confidencialidad de los expedientes, nuestro medio no pudo obtener detalles sobre las denuncias presentadas. “Empleo y desarrollo social Canadá no divulga información sobre casos particulares, principalmente si una investigación sobre un empleador está en curso o no”, se lee en un correo electrónico enviado a Karla Meza el 29 de septiembre.

El empleador se pronuncia sobre la situación

Contactados entre el 26 y el 30 de septiembre, dos de los copropietarios de la empresa hortícola reaccionaron a las denuncias de sus trabajadores.

“Somos una empresa joven, hemos tenido un crecimiento muy rápido que nos ha permitido pasar de seis a 198 trabajadores agrícolas en cuatro años, hemos invertido mucho. No somos perfectos pero siempre nos preguntamos qué más podemos hacer por ellos. Los llevamos al restaurante, les organizamos una fiesta, les construimos un campo de fútbol y se adquieren máquinas para hacer el trabajo más eficaz”, expresa Jérémy Pitre.

“En cuanto a las horas de trabajo, ellos no están obligados a realizar turnos dobles. Les preguntamos si aceptaban seguir trabajando más horas si les pagábamos el restaurante y aceptaron”, subraya.

Pitre señala la existencia de un “gran problema” en el proceso de contratación. “A más de 100 de nuestros trabajadores no les gusta trabajar con fresas, ya que son taxistas, conserjes u otras cosas en sus países. Se suponía que íbamos a ir a contratar a nuestros propios trabajadores, pero eso no fue posible debido a la covid”.

Su hermano, Jonathan Pitre, confirma que seis trabajadores han huido de su granja en las últimas semanas. “Esto parece ser una tendencia en todo Quebec, no sólo ocurre aquí, sino que en nuestro caso, todos eran chicos con problemas de alcohol y que daban problemas en la granja”.

El señor Pitre sostiene que las semanas de casi 100 horas de trabajo eran más bien la excepción esta temporada. “Ha sido difícil para todos, nosotros hemos trabajado más que nuestros empleados. Es verdad que hicieron muchas horas durante varias semanas a altas temperaturas, pero les pagamos la cena unas diez veces, teníamos facturas de 2,000 dólares o 3,000 dólares por noche. Ahora que hay menos trabajo, hay incluso trabajadores que piden más horas”.

Pitre explica que su empresa satisface ampliamente las normas de alojamiento establecidas por el gobierno. “Varias residencias fueron construidas hace un año y medio y los servicios son suficientes para el número de trabajadores; tenemos un refrigerador para 4,7 trabajadores y una estufa para 6 trabajadores. A partir del próximo año queremos reducir la proporción de trabajadores por habitación, de cuatro a dos”, dice el señor Pitre.

Desde los años 80 el gobierno provincial ha prohibido el uso de literas para trabajadores de la industria minera y forestal, mientras que en sector agrícola aún sigue siendo un aspecto no regulado.



El empleador sostiene que ya ha gastado cientos de dólares en utensilios y vajillas para los trabajadores.  “El problema es que pueden no tener las mismas normas que nosotros en sus países, los tiran a la basura en lugar de lavarlos. No reconocen que les doy gusto comprando platos, así que les dije que iba a proporcionar sólo lo esencial reglamentario”, afirma.

“En la temporada hemos gastado de 4,000 a 6,000 dólares en tijeras y cuchillos, especialmente para cortar el estolón de la fresa, pero la gente los usa mal o no los devuelven, así que dejé de comprarlos. De todos modos, no son necesarios para cortar la fresa, el 99% de las empresas no tienen”.

Él admite que tomó casi una hora para recoger a los trabajadores después de su turno de trabajo una vez este verano, porque uno de sus autobuses se averió. “Ha ocurrido una sola vez este verano, pero ha sido un accidente”.

Nueve trabajadores fueron trasladados de otra granja recientemente. “A estas personas no les gusta trabajar con nosotros, así que algunos han preferido irse”, dice Jonathan Pitre. Nuestro medio confirmó que se trata de tres de los cinco trabajadores entrevistados en el aeropuerto el 25 de septiembre.

“A menudo me encuentro con mis trabajadores y les digo que esto no es una prisión. Si no están bien con nosotros, tienen la opción de irse a casa o de ir a trabajar a otra granja, no obligo a nadie a quedarse”.

El señor Pitre afirma que no es una obligación de los empleadores proporcionar equipo de trabajo a los empleados. Es una elección del empleador. Antes comprábamos botas, pero ya llegamos a 198 trabajadores”, afirmó Pitre dando entender que ya no las proporcionan. “Además, nos dimos cuenta de que querían elegir sus propios modelos”.

A este respecto, la CNESST establece que “el empleador debe suministrar gratuitamente a los trabajadores pagados al salario mínimo el material, el equipo y las materias primas que deben utilizar

para hacer su trabajo”. El empleador puede pedir a un empleado que pague por su material o equipo, sólo si se le paga más que el salario mínimo.

“Nuestro empleado de recursos humanos se enfermó a principios de este año y yo me he hecho cargo del personal, puede que haya habido una falta de comunicación, pero somos jóvenes proactivos y hacemos todo lo posible por mejorar”, insiste Jonathan Pitre.

Trabajadores defienden a sus empleadores

A petición del empleador, otros trabajadores se pusieron en contacto con la periodista para darnos su testimonio. “Estoy feliz de trabajar aquí desde hace quince meses, los patrones son amables y siempre nos dan lo mejor”, subraya Rolando Maroquin.

“Incluso durante la temporada de las fresas, tenemos un horario razonable, los patrones nos traen bebidas y comida, a veces nos invitan a su casa para celebrar”, indica Vicente Argüello.

“Estoy agradecido por trabajar en esta granja por primera vez, los jefes nos dan de comer cuando trabajamos y nos pagan salidas”, declara Perfecto Mora.

“Los jefes nos dejan salir y nos llevan al restaurante”, dice Rafael.

Visita del consulado mexicano

El consulado general de México en Montreal visitó al empleador el 27 de septiembre.

“Pude reunirme con casi 40 trabajadores mexicanos y guatemaltecos”, dice el responsable de la protección consular y del Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAS), Felipe González Lugo. Sin embargo, señala que los propietarios de la empresa estuvieron presentes en algunas reuniones con los empleados en la planta de envasado de zanahorias y en el campo de fresas.

Según el señor González, al consulado le preocupa especialmente el hacinamiento en las habitaciones donde hay literas para cuatro trabajadores en un espacio reducido. “Es inadecuado para la protección de los trabajadores en tiempo de covid”, afirma González quien agregó que los servicios disponibles en la casa que alberga normalmente a unos 50 trabajadores mexicanos son insuficientes.

“Algunas estufas en la cocina no funcionan y se ha comprobado la presencia de moscas, procedentes de los basureros desbordados afuera de las residencias”. Los propietarios de la empresa informaron al representante del consulado sobre una deficiencia en el servicio de levantamiento de basura del municipio.



El señor González indica que la mayoría de los trabajadores con los que se reunió llegaron a la empresa por primera vez, y que la mayoría de ellos no desean regresar. “Vamos a exigir que se mejoren las condiciones en las habitaciones y que las autoridades hagan un seguimiento”, concluyó.

Entre el 27 y el 28 de septiembre, cinco trabajadores mexicanos declararon que no se habían atrevido a hablar abiertamente con el representante del consulado por temor a represalias, ya que podían ver a los jefes en el lugar.

Testimonios de otras autoridades

Los representantes del consulado general de Guatemala en Montreal visitaron a su vez al empleador el 28 de septiembre, en compañía de Fernando Borja, director general de la Fundación de Empresas de Reclutamiento de Mano de Obra Agrícola Extranjera (FERME). En el momento de la publicación, el consulado no había devuelto nuestras llamadas.

“En nuestra visita todo parecía estar en orden, no encontramos problemas”, informa Fernando Borja. “No hemos recibido quejas sobre el terreno, los trabajadores parecían contentos, sin embargo, ahora que el consulado ha intervenido, los trabajadores podrían ponerse en contacto con nosotros para hablar en privado”.

FERME realiza inspecciones a los empleadores para la obtención de un estudio de impacto sobre el mercado laboral (EIMT), necesario para poder contratar a trabajadores extranjeros temporales.

“Haciendo las inspecciones ellos mismos en instalaciones de sus clientes, las organizaciones de reclutadores como FERME y ARIMÉ están en conflicto de intereses ¡es autorregulación!”, lamenta Michel Pilon de la RATTMAQ. “Se necesita una organización independiente para llevar a cabo las inspecciones para evitar situaciones como la de los trabajadores en la granja Pitre”, insiste.

Ingrid Francoeur, directora del Centro de Empleo Agrícola Outaouais-Laurentides no ha devuelto nuestra llamada, pero en un correo electrónico del 29 de septiembre se dice sorprendida por las alegaciones contra el empleador. “Los hermanos Pitre se preocupan realmente por el bienestar de sus trabajadores y son proactivos en su gestión de los recursos humano”, se lee.

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